
Es difícil procesar cómo un título que tuvo un despliegue de marketing masivo en la gala de los The Game Awards, posicionándose como una revolución, ha anunciado el cierre definitivo de sus servidores apenas 45 días después de su lanzamiento oficial.
Los servidores de Highguard serán cerrados definitivamente este próximo 12 de marzo, dejando al videojuego poco más de un mes y medio de vida.
El marketing de humo
El anuncio en los GOTY fue, visto en retrospectiva, un ejercicio de prestidigitación. Se nos vendió un producto con una fidelidad visual que prometía ser una revolución, antes nunca antes visto, pero la realidad tras el Early Access fue un desastre de optimización, jugabilidad y alma. La credibilidad de eventos de este calibre queda considerablemente herida cuando se otorga un espacio prime time a proyectos que, claramente, no tienen ni pies ni cabeza.
Un mercado que no perdona la falta de identidad
Desde minuto uno la comunidad se dio cuenta que, Highguard era un videojuego genérico, sin identidad, incapaz de transmitir algo que permitiese a los jugadores quedarse aferrados a él.
En un mercado saturado de juegos como servicio, no basta con tener gráficos punteros si tus mecánicas de juego son un derivado genérico y simplón de lo que ya existe.
Durante las primeras 72 horas de haberse abierto al público, el 90% de los jugadores de Steam ya habían abandonado el videojuego, un síntoma claro de que el desastre estaba por venir.
Hoy en día, hacerse un hueco en la industria requiere más que un tráiler cinematográfico. Requiere transparencia y un respeto por el tiempo del jugador.
Este cierre prematuro es un recordatorio de que, por mucho que se "venda" un juego como la octava maravilla en una alfombra roja, el veredicto final lo dicta el rendimiento real y la comunidad, no los departamentos de publicidad.