
La complacencia es el enemigo del usuario.
Actualmente, vemos una Sony que, ante la falta de una respuesta contundente por parte de Microsoft, ha comenzado a mostrar los síntomas clásicos de un líder sin contrapesos. Necesitamos que Xbox recupere terreno, no por fanatismo de marca, sino por pura conveniencia económica del consumidor.
El costo de la hegemonía
Cuando una plataforma domina cerca del 70% del mercado de consolas de alto rendimiento, el incentivo para innovar desaparece, lo vimos con el lanzamiento de la PS5 Pro y su polémico precio de 799$, una cifra que habría sido impensable si Xbox estuviera disputando cada punto de cuota de mercado con una alternativa de hardware potente y atractiva.
La falta de competencia directa permite que Sony ejecute prácticas que rozan lo anti consumidor. Hablamos de convertir en algo estándar los 80$ por juego (¿Verdad Nintendo?), el cobro exagerado por parches de actualización generacional y un servicio de suscripción que sube de precio sin ofrecer un aumento proporcional en la calidad del catálogo. Sin un rival que ofrezca una mejor relación calidad-precio, el líder no tiene motivos para ser generoso.
Sony ya lo ha hecho antes
No es la primera vez que vemos esto, ya que la misma Sony ya lo hizo en la era de la PS3 en 2006.
Tras el éxito masivo de la anterior PlayStation 2, Sony lanzó una consola a 599$ con una arquitectura compleja y una actitud de "lo comprarán igual". Fue solo la agresiva estrategia de Microsoft con la Xbox 360 apostando por un online robusto y mejores herramientas para desarrolladores, todo a un precio mucho más reducido que su rival directa, lo que obligó a los japoneses a pivotar, bajar precios y mejorar su oferta.
Hoy, el riesgo es mucho más profundo. El cierre de estudios internos tras adquisiciones masivas y la tendencia hacia la monopolización de IPs busca asfixiar al competidor más que mejorar el ecosistema.
Si Xbox no logra posicionar sus sistemas para competir directamente y ser una amenaza real, el resultado será un mercado estancado con hardware sobrevalorado y una creatividad dictada por hojas de cálculo, prácticas que hoy, parecen el camino a seguir.