
Resident Evil Requiem ha llegado para silenciar la narrativa de que los lanzamientos AAA modernos deben salir rotos.
Capcom ha vuelto a demostrar qué el estudio japonés está dando los pasos indicados en la última década y se encuentra en un estado de forma increíble.
El RE Engine es una BESTIA
Lo que Capcom está logrando con su motor es sencillamente digno de estudio. En Resident Evil Requiem, el RE Engine alcanza su máximo, gestionando un sistema de iluminación global y reflejos mediante Ray Tracing que no castiga el rendimiento de forma dramática.
A diferencia de otros motores que sufren de un stuttering crónico por la compilación de shaders, aquí la transición entre zonas es fluida, manteniendo un framerate estable de 60 FPS en PS5 y Xbox Series X incluso en modos de alta resolución.
Es, en esencia, un monstruo técnico no solo en potencia bruta, sino que también es una gestión inteligente de los recursos del sistema que permite entornos altamente detallados con una carga mínima para el sistema donde esté corriendo.
Fiel a la identidad de un Resident Evil
Definitivamente cuando juegas al título, sientes que estás jugando a un Resident Evil, algo que en ciertas entregas de la saga se ha echado en falta.
Resident Evil Requiem ha logrado mezclar lo mejor de muchos mundos a lo largo de los casi 30 años de saga. El survivar horror se siente vivo y en su máximo esplendor en gran parte de la aventura, mientras que en otros tramos, lo mejor de la acción que vivimos en su momento en Resident Evil 4, también a manos de Leon, es rescatado en Requiem e incluso me atrevería a decir que con un punto de mejora.
El equilibrio entre el modo de jugar de nuestros dos protagonistas es más que satisfactorio y uno de los puntos fuertes de este título, donde además de aprovechar esta mecánica para darnos ritmos de juego diferentes, también quedan muy bien entrelazados los acontecimientos de los puntos de vista de los personajes.
Con este lanzamiento de Resident Evil, la saga no solo se mantiene relevante, sino que establece el estándar de lo que deberíamos exigir como jugadores a cualquier gran producción; un juego terminado, optimizado y divertido desde el minuto uno, y que no cuesta $100.